La iniciativa de que las expresiones y los deseos tienen un encontronazo material en el planeta es algo que intentamos de no creer como mayores. Intentamos de ser lógicos y comprender las construcciones de causa y efecto apropiadas, para trabajar hacia resultados populares de forma racional. Aun así, abunda la prueba de que no acreditamos totalmente la verdad de lo razonable. Sé antojos adyacentes a la Novedosa Era, como El misterio, quien deposita su fe en las “leyes de la atracción” o sencillamente en la vieja oración perenne, no tenemos la posibilidad de evadir suponer que nuestras expresiones internas y ajenas tienen algún poder que es imposible argumentar.

Para los niños, desde luego, esta creencia es bastante más deducible. El pensamiento mágico provoca que el niño se dé cuenta, como Freud, de que “está lloviendo porque estoy triste”. Un niño, que de todos modos está a la altura de su propia impotencia, y que inclusive puede combatir su propia ineficacia con enorme frustración todos los días, se siente simultáneamente omnipotente.

Este solipsismo infantil se encuentra dentro de los conceptos perturbadores explorados con majestuoso miedo por Marieke Lucas Rijneveld en La irritación de la noche.. Anunciado por primera oportunidad en 2018 en los Países Bajos, donde causó sensación, en este momento fué traducido al inglés por Michele Hutchinson y está en la lista final para el International Booker Award. Listo, asombroso, delicadamente caótico, es el debut más singular y estridente que he leído en un largo tiempo.

Rijneveld, que utiliza el pronombre “ellos”, creció en una granja en Brabante Septentrional y todavía trabaja una vez por semana en una granja lechera. Cuando era niño, su hermano más grande fue ejecutado por un autobús sendero a la escuela. En una entrevista reciente en Aturdido, dijeron: “Mi padre no leyó [the novel]. Mi madre tiene. Tuve que decirles que no eran los padres de la novela. Lo más difícil fue mi hermano. Mis padres jamás hablaron de su pérdida, por lo cual les fue difícil a su hijo empezar a comentar de esto. ”

La irritación de la noche. es narrado por Jas, una niña de diez años que vive en una granja en una familia religiosa. Jas, temiendo que su conejo sea ejecutado próximamente, quiere que le quiten a su hermano Matthies. Cuando muere en un incidente de skate, la relación de Jas con la verdad y con su familia cada vez más desequilibrado empieza a desintegrarse y transformarse. La furia de su padre, la desesperación confusa de su madre enferma y la confusión de sus hermanos hierven con incomodidad. Jas empieza a formar parte en una sucesión de rituales y experimentos crecientes y problemáticos, en un intento de batallar el terrible mal que se sumerge a sí misma y a su alrededor.

El lenguaje de Jas es claro y claro, convincentemente infantil, pero increíblemente poético, inclusive (o especialmente) al detallar la corporalidad sucia de la vida rural. Las verrugas de una rana son como alcaparras, glándulas dispuestas a perder aceite agrio, así como brotes verdes comestibles. Los olores y excreciones de los animales y el banal grotesco de sus relaciones con ellos incrementan para retratar la vida como algo repugnante. Matthies, en la desaparición, no fué tocado y hermoso, no tocado por la conversación:

Súbitamente, recuerdo lo que ha dicho el veterinario cuando sacó a mi hermano del agua con Evertsen: “Cuando la gente tienen hipotermia, tienes que lidiar con ellas como porcelana. El toque más suave puede ser mortal. Todo este tiempo fuimos tan precavidos con Matthies que no hablamos de él, para que no se desmorone en nuestras cabezas.

No es un libro interesante de leer. El estreñimiento crónico de Jas se transmite con datos repetitivos, el sondeo y la excavación resultantes se reflejan más tarde en su interferencia con una de las vacas de la granja, mientras penetra en los agujeros del animal con interés separado. Los actos sexuales entre los niños se rastrean con ambivalencia nauseabunda, caracterizada tanto por la inocencia como por el deseo de venganza o penitencia. Aunque tierna, la novela se resiste a la redención narrativa, pero brinda su tipo de consuelo a través del arte y la singularidad.

La singularidad de la percepción de un niño facilita actos de imaginación a los que un adulto no puede entrar. Por esa razón romantizamos la niñez como una vivencia única de independencia interna, un reino sagrado al que siempre queremos regresar por el resto de nuestras vidas. Quizás el más grande logro de la novela de Rijneveld es mostrar el fondo de esta hermosa cualidad.

La imaginación de Jas la contribuye a hacer salidas al azar en instantes de enorme angustia. Ella trata de forzar a dos ranas a reproducirse, suponiendo que, si alcanzan esa privacidad, sus padres alienados también lo harán. Se piensa a una familia judía escondida debajo del piso como una manera de argumentar la incapacidad de su madre para proteger a Jas y a sus hermanos: sencillamente está ocupada con la familia oculta, desviando su atención hacia ellos en vez de a sus propios hijos. Ella trata de imaginar su salida de la devastación, pero no puede trascender las penas desmoralizantes y competitivas que se están fusionando bajo un mismo techo.

El pensamiento mágico de este niño produce una soledad realmente temible y salvaje, comunicada por Rijneveld con una intensidad ágil que extraña vez acercamiento.